El viernes pasado no trabajé, así que junto a Maca y Oli nos escapamos a Cabo Polonio. Que es un paraje maravilloso en el medio de la nada.
Cabo Polonio es un pueblecito de pescadores en medio de una reserva, por lo que solo se accede a la zona en camión. En realidad vehículos militares readaptados.
Quise llevar a mis padres las Pascuas pasadas cuando vinieron, pero no paraba de llover y seguimos rumbo a Punta del Diablo* y Santa Teresa**.
En el Polonio hay una colonia abundante de lobos marinos y otros especimenes autóctonos tipo surferos, grupos de amigos uruguayos, algunos brasileños, jóvenes europeos de año sabático-turístico y neo-hyppies del los 90 (¿eso existirá?).
El encanto de la aventura reside no solo en sus construcciones un tanto rústicas sino en que no hay electricidad ni agua corriente en la gran mayoría de las casas.
Por la noche uno se desplaza a la luz de las velas, y del faro.
Y el día disfruta de playas espectaculares, de paseos a caballo, de las dunas que son grandísimas y móviles, del paisaje rocoso y sus leones, y sobre todo de los amigos que lo acompañan. Reuniéndose en las casa de unos y de otros para un asado, cenar, tomar una copa antes de salir o simplemente jugar a las cartas.
Disfrutamos de una fondue deliciosa compuesta por mil ingredientes*** en un barecito de lo más pintoresco, conocido por “lo del ciego”.
De mucho tiempo libre y aire puro.
De desayunos imponentes.
Y dormíamos como marmotas esos días.
Los lobos marinos ya estaban todos replegados en una isla frente al cabo y no pude fotografiarlos para vosotros pero me traje varios momentos de recuerdo.
Entre ellos y a continuación, el dúo dinámico más conocido por Fulan y Mengan, Lola la súper perrita, y el ‘Francés” a no confundir por favor con “El Francés” original (mi súper Papa) también conocido por el Griego.





La etapa de hoy es la más dura físicamente, pues las chicas pasaran la noche en el desierto sin asistencia técnica. Cuando regresan cada noche al bivouac, los mecánicos revisan los coches. Durante las etapas, ellas mismas cambian sus ruedas (pinchadas), revisan la presión de los neumáticos deshinchándolos para zonas de arena, sacan los coches de los pozos y de las dunas, ya que pedir ayuda les resta puntos. Pero esta noche, para la puesta a punto de los vehículos, las chicas tendrán que arreglárselas solas.




